Mauricio Vegetti es uno de los enólogos que más ruido viene haciendo en la industria. A partir de un proyecto personal, ofrece vinos de alto vuel.

A fines de 2017, en el marco del ciclo “Los enólogos eligen”, organizado por iProfesional, numerosos referentes de la vitivinicultura nacional tuvieron que votar a quien consideraban el profesional más destacado del año.

Y algunos de ellos, como Bernardo Bossi Bonilla, de Vinos del Potrero; Adrián Manchón, de Cuvelier Los Andes y Héctor Renna, de Bodega Goyenechea, votaron por Mauricio Vegetti, quien comanda las riendas de Gauchezco Wines y que también tiene su proyecto personal: Lui Wines. 

Vegetti –a quien lo llaman “el Japo”- definitivamente cultiva el perfil bajo, muy bajo.

Trata de escaparle a los flashes y al ajetreo de la Ciudad de Buenos Aires. Asegura que antes de estar atascado en el tránsito, prefiere comer un buen asado en Mendoza, su lugar en el mundo, y si hay que sacarse fotos, entonces lo hace con su uniforme oficial: en bermudas.

Si bien es joven para el promedio de la industria, ya tiene un largo currí­culum por detrás. Hizo sus primeras armas en grandes bodegas (estuvo en Grupo Peñaflor y Nieto Senetiner) y luego ganó experiencia en la consultora de Alberto Antonini. Pero ya en 2007, de la mano de un inversor estadounidense, empezó de cero en un proyecto en el que hoy continúa: Gauchezco Wines. 

Allí­, pasó de elaborar un par de etiquetas de estilo clásico para el mercado americano a contar con más de 15 referencias, en los que en general se nota una paulatina búsqueda hacia vinos más frescos y expresivos.

Si bien continúa firme como enólogo de Gauchezco, hace unos años dio el gran paso al lanzar su proyecto propio: Lui Wines. 

En diálogo con Vinos & Bodegas, Vegetti, o “el Japo”, afirma que lo más atrapante de hacer sus propios vinos es que “son como mini capí­tulos de tu vida encerrados en una botella, con principio y final. Eso es lo que te atrapa y te empuja a querer hacer más y cosas distintas, explorar nuevos viñedos, terroirs y parcelas. Y querer mejorar año tras año. Es como tener una revancha cada 12 meses“.

“Creo que hacer mi vino propio después de 12 años ha sido el mejor videojuego de mi vida. Es un proceso interminable y no puedo dejar de jugarlo”, agrega.

En la actualidad está produciendo unas 80.000 botellas por vendimia, entre espumantes método charmat y tradicional y vinos tranquilos.

“La verdad que siempre pensé en hacer pocas botellas, pero cada dí­a que pasa hago más. Nunca pensé en estabilizarme en un volumen siempre y cuando tenga la calidad para hacer un buen producto”, apunta.

Entre las ventajas de tener una marca propia y decidir por sí­ solo la suerte de un proyecto, Vegetti afirma que “lo mejor es no estar 100% atado a un concepto comercial corporativo, pudiendo crear sin protocolos ni recetas”.

¿Y las desventajas? No duda en responder: “Obviamente la parte económica, que es lo que limita las posibilidades de generar y hacer nuevos productos o tener una bodega propia”, algo que, confiesa, le “encantarí­a”.

Comments are closed.